16 oct. 2017

Instrucciones para enterrar un libro


Por: Guillermo Piro

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No hay género más global que el de los textos de contratapas.


No hay género más global que el de los textos de contratapas. Uno toma un libro publicado en Suecia, otro en la Argentina, otro en Italia y otro en Irlanda y todas las contratapas parecen haber sido escritas por la misma persona. Es por eso que una contratapa original se festeja más que un libro original, cosa ya extinta de la faz de la Tierra. Recuerdo dos contratapas: la de La espuma de los días, de Boris Vian, en la que el autor confiesa que lo que se leerá es “una novelita miserable”, y la de El ingeniero, de Juan Rodolfo Wilcock, ésta tal vez un caso único en la literatura universal de todos los tiempos, ya se verá por qué.

La novela de Wilcock es epistolar, recopila las cartas que el joven ingeniero Tomás Plaget le envía a su abuela. Plaget se encuentra en Mendoza, trabajando en la reconstrucción de la red ferroviaria trasandina. El asunto es que Plaget cuenta las nimiedades que vive lejos de casa –nada excepcional, por cierto, salvo la desaparición de algún hijo de un operario y de un lugareño. Pero al terminar la novela –o antes, dependiendo de la ansiedad del lector– se lee en la contratapa que el ingeniero suele festejar Navidad y Pascuas comiéndose niños. Con lo cual todo súbitamente cobra sentido.

Pero el hecho es que el centro neurálgico de la novela está afuera, no adentro de ésta. No conocía otro caso de descentralidad literaria tan abrumador hasta el otro día, cuando llegó a mis manos La Biblioteca Roja. Brevísima relación de la destrucción de los libros, de Agustín Berti, Gabriela Halac y Tomás Alzogaray Vanella.

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La cosa es así: entre diciembre de 1975 y marzo de 1976 Liliana Vanella y Dardo Alzogaray enterraron parte de su biblioteca en el jardín de su casa en la ciudad de Córdoba. Treinta años después, los tres autores indagan acerca del destino de la biblioteca enterrada. Las excavaciones –en las que colaboran voluntarios del Equipo Argentino de Antropología Forense– comenzaron en enero de este año hasta dar con ella. El libro da cuenta de esa pesquisa y de otras cosas –ningún libro resistió al paso del tiempo, polvo eres y en polvo te convertirás–, y está acompañado por un corpus muy bonito de fotografías de Rodrigo Fierro, pero sin ánimo de desprestigiar tan enorme trabajo debo decir que el libro no me interesó en lo más mínimo. Hasta que di con la solapa –mejor dicho, con la retiración de la sobrecubierta, que desplegada es a su vez una hermosa fotografía cenital del lugar excavado. En ella se enumera lo único importante a mi juicio, esto es, las “Instrucciones para enterrar un libro”.

Los autores dialogan con las “conservadoras de papel”, seres femeninos sin nombre que de verdad la tienen clara. A la pregunta “¿Qué haría falta para dejar un libro listo para ser enterrrado?”, las conservadoras responden: “Primero lo envolvería en un papel de buena calidad, después lo envolvería en una o dos o tres capas de papel, después con un material sintético de alta duración que no se deteriore, como puede ser el poliéster o el polipropileno [...]. Después lo envolvería con una hoja de aluminio y después, probablemente, repetiría el mismo envoltorio, papel, poliéster y aluminio otra vez. Y después lo pondría en una lata de aluminio”.

A esas instrucciones sigue una breve “Discusión sobre la factibilidad de la lata”, donde Gabriela Halac cierra un declaración aspiracional de las conservadoras (“Lo ideal es que nunca más tengamos que enterrar libros”) con una previsión tan pesimista que no puede más que cumplirse (“La historia ha demostrado que cada tanto hay que enterrar [libros]”).

Desde este humilde espacio agradezco las instrucciones para enterrar un libro y redoblo la apuesta de Halac diciendo que si hay algo que la historia demuestra es que ninguna tiranía tiene fin.


Fuente bibliográfica
PIRO, GUILLERMO, 2017. Instrucciones para enterrar un libro. Perfil.com [en línea]. [Consulta: 17 octubre 2017]. Disponible en: http://www.perfil.com/columnistas/instrucciones-para-enterrar-un-libro.phtml. 


12 oct. 2017

¿Crees que tu hijo comparte contenido sexual en el móvil?





El diálogo abierto en el entorno familiar y la concienciación son claves para prevenir el uso inadecuado de las tecnologías por parte de los menores.

Aunque el intercambio de material sexual a través de redes sociales y servicios de mensajería instantánea (sexting) no es algo exclusivo de los menores de edad, sí que es importante estar vigilantes en los colegios y en el entorno familiar para concienciar y minimizar así las posibles consecuencias que pueda acarrear esta práctica.



En muchas ocasiones, las exparejas comparten fotos y vídeos íntimos como venganza







Cuando alguien decide enviar contenido íntimo debe saber que éste deja de estar bajo su control. En ese momento, es la otra persona quien pasa a tener el control de ese material y, en muchas ocasiones, puede utilizarlo a modo de chantaje o como venganza. En el caso de los adolescentes, muchas veces son las exparejas las responsables de subir a Internet o compartir por mensajería instantánea las fotos o videos de contenido sexual por despecho o por venganza, según advierte la Oficina de Seguridad del Internauta, un servicio puesto en marcha por el Ministerio de Energía, Turismo y Agenda Digital en colaboración con el Instituto Nacional de Ciberseguridad (INCIBE).

Pero, ¿cómo debemos actuar en casa y en el colegio? El Observatorio de la Seguridad de la Información (OSI) en la Guía sobre adolescencia y sexting: qué es y cómo prevenirlo, ofrece una serie de pautas.


Pautas para prevenir el sexting

* 1. Informarse de forma conjunta:
Existen diversas organizaciones y empresas que ofrecen información sobre las situaciones en las que pueden encontrarse los menores en internet. Es importante hacerlo para fomentar un clima de confianza y descubrir de forma conjunta los riesgos. Por ejemplo, desde el propio INCIBE se ha puesto en marcha un teléfono de atención para que tanto menores como padres y docentes expongan sus dudas.

Por su parte, Orange ha lanzado la iniciativa Por un uso Love de la tecnología, que pretende mostrar a las familias las consecuencias del mal uso de las redes sociales y los dispositivos móviles. La compañía quiere convertirse así en fuente de información y de reflexión para las familias y lograr un uso responsable de la tecnología.


Así se habla del sexting en familia




* 2. Hablar de privacidad:
Es importante insistir en la prevención y, para ello, los menores tienen que ser conscientes de los riesgos que corren al exponer sus datos personales y sus fotos más íntimas públicamente.

Hay que exponer los riesgos posibles y poner ejemplos de casos de actualidad. Debe hacerse en un ambiente de confianza que facilite que el menor exponga sus ideas y problemas y así reflexione sobre las posibles consecuencias. Es importante que los padres, madres y educadores sean capaces de trasladar a los menores la confianza suficiente como para que, ante una incidencia en la Red, recurran a la opinión experta de un adulto. Orange, dentro de la iniciativa, ha potenciado ese diálogo dentro de las familias para que los menores puedan explicar a sus padres en qué consiste el sexting y expongan sus impresiones sobre esta práctica.


* 3. La factura bajo control
El Observatorio para la Seguridad en Internet afirma que, según varios estudios, el porcentaje de menores que practican sexting se quintuplica entre los que pagan totalmente sus propias facturasde teléfono frente a los que no lo hacen o solamente pagan una parte. Pagar sus propias facturas puede generar en el menor una sensación de autonomía y madurez (incluso anonimato) que le lleve a sobrevalorar sus razonamientos y percepciones de seguridad.

* 4. El ordenador, en las zonas comunes
El sexting no es una práctica que sólo se lleve a cabo a través de los smartphones, sino que los ordenadores también juegan un papel clave. Por eso, es importante colocar el ordenador en un lugar común de la casa, algo que evitará situaciones de sexting. Si el equipo se encuentra en la habitación del menor, será más fácil encontrar momentos de intimidad para realizar contenidos sexuales, mientras que si está en una zona común a la vista del resto de miembros de la familia, se reduce.

* 5. Instalar sistemas de control parental

También existen sistemas de control parental que pueden limitar e informar sobre el uso que el menor hace del ordenador.



Fuente bibliográfica
¿Crees que tu hijo comparte contenido sexual en el móvil? [en línea], [sin fecha]. [Consulta: 13 octubre 2017]. Disponible en: http://www.elmundo.es/promociones/native/2017/10/09/index.html. 

Cuando los libros nos salen al cruce con cierta violencia

Por: Cristian Vázquez



Hay ocasiones en las que determinados libros irrumpen en la vida de alguien y le crean el “compromiso” de leerlos. En algunos casos, dan lugar a historias que merecen ser contadas.


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Todo lector se ha encontrado alguna vez en esa situación bastante incómoda en la que otra persona —un amigo, un familiar, incluso alguien de menos confianza— lo conmina a leer un determinado libro. Una suerte de exigencia establecida a partir de un gesto concreto: el que recomienda presta (y a veces hasta regala) el libro en cuestión. Lo da sin que el otro se lo haya pedido. Por cortesía, por educación, o quién sabe por qué otro motivo, el otro no lo rechaza, y se ve de pronto en el compromiso de leer un libro que de otro modo ni se le habría ocurrido leer, al menos no en ese momento.

Ante tal coyuntura, el lector afronta dos posibilidades: leer el libro o no leerlo. Si decide leerlo, puede que le guste y lo disfrute, y luego le agradezca al prestador por habérselo hecho conocer. Si, en cambio, el libro lo aburre o le desagrada, vuelven a abrirse dos opciones: que, pese a todo, lo lea hasta el final, o bien que lo abandone sin terminarlo. Si lo lee hasta el final, no tendrá mayores problemas para comentarlo, aunque luego tendrá que elegir si ser sincero con el prestador o no. Si lo abandona a medio camino, o si directamente ni siquiera empieza a leerlo, también tiene dos opciones: ser franco y admitir la verdad, aceptando el riesgo de que tal vez el prestador se ofenda, o recurrir a algunas de las enseñanzas de Pierre Bayard y su magnífico Cómo hablar de los libros que no se han leído.

En cualquier caso, la situación siempre incluye una cierta dosis de violencia. Y es que, de improviso, como un bandolero que intercepta un convoy en mitad de la noche, el libro ha salido al cruce del lector. Es cierto que al final el lector puede enamorarse del bandido y decidir quedarse para siempre con él. Pero eso no quita a la situación su cuota de brusquedad.

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Hay otras situaciones en que los libros también salen al cruce, con cierta violencia, en el camino de quien no los espera. Hace un par de años, la revista National Geographic publicó un reportaje fotográfico sobre personas indigentes que buscan cobijo en bibliotecas públicas de California. En ese estado —según el último informe del Departamento de Desarrollo de Vivienda y Urbanismo de Estados Unidos— viven casi 120 mil homeless, el 22 % del total del país. Dos de cada tres no acceden a refugios, ni a viviendas temporales, ni a ningún otro sitio donde alojarse.

Las bibliotecas públicas los reciben y “llenan el vacío, protegiendo durante el día a los desamparados”, escribió Fritz Hoffmann, autor del reportaje. La biblioteca de San Francisco, de hecho, fue la primera que contrató a tiempo completo a una trabajadora social, la cual afirmó, con mucho tino, que “las bibliotecas son el último bastión de la democracia”.
Parece lógico imaginar que en lo que menos pensaban esos hombres y mujeres la primera vez que entraron en las bibliotecas era en leer libros. Seguramente buscaban evitar el frío, escapar de situaciones de violencia y maltrato, acceder a un poco de calma y silencio. “A veces hay mucho drama allí fuera, en las calles, y es bueno contar con algo de paz y tranquilidad”, dice Jeffrey Matulich, uno de los sin techo retratados por Hoffman. Ya que estaban allí dentro, tenían que hacer algo; y ya que el lugar estaba lleno de libros, por qué no leer alguno…

Buscando libros de Henry Miller, Matulich descubrió la obra de Kurt Vonnegut. “Vengo casi todos los días”, revela por su parte Rebecca Rorrer, una lectora voraz: recorrió las 324 páginas de If I Can’t Have You, de Gregg Olsen y Rebecca Morris —un libro que cuenta el caso real de la desaparición de una mujer y el destino trágico de su marido y sus hijos— en las cinco horas de la tarde de un viernes.

A su manera, los libros también irrumpieron de forma inesperada en los caminos de esa gente. Vivir en la calle suele hacer de la lectura un lujo inaccesible; en este caso, sin embargo, resultó un factor decisivo para que estas personas se convirtieran en lectoras.

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Diego, un amigo, contó días atrás una historia preciosa. Hace años, cuando cursaba en la universidad un seminario de literatura latinoamericana, un amigo suyo le prestó una edición vieja y gastada de El libro de arena, de Borges. Diego había leído a Borges, pero muy poco: era casi como si no lo hubiera hecho. Muchos años después se encontró con su amigo y le dijo que gracias a él, y concretamente a ese libro, había descubierto a Borges. El otro le contó entonces la historia de aquel libro: pertenecía a su madre, quien trabajó durante muchos años limpiando casas en el centro de la ciudad. Viajaba todas las semanas en tren, rodeada de gente que leía. Ella se dijo que no iba a ser menos y se compró El libro de arena para leer en el tren.

“El libro de arena”, el cuento que da título al libro, narra la historia de un hombre que experimenta uno de los modos más violentos en que un libro puede salirnos al cruce, irrumpir en nuestro camino: recibe la visita de un desconocido que se presenta como vendedor de biblias. “No solo vendo biblias —dice el hombre después—. Puedo mostrarle un libro sagrado que tal vez le interese”. Se trata de un libro infinito, con infinitas páginas que parecen brotar del volumen: el libro de arena, “porque ni el libro ni la arena tienen ni principio ni fin”. El desconocido lo había comprado “a cambio de unas rupias y de la Biblia” a un hombre que no sabía leer y que, según su sospecha, “en el Libro de los Libros vio un amuleto”.

El cuento, publicado en 1975, había sido anticipado más de tres décadas atrás, en la nota al pie final de “La Biblioteca de Babel”, el cuento en el que describe una biblioteca infinita. Borges escribió allí que tal biblioteca es inútil, pues “bastaría un solo volumen […] que constara de un número infinito de hojas infinitamente delgadas”.

La historia del amigo de Diego termina con una explicación: su mamá, la que había comprado El libro de arena para leer en el tren, no sabe leer. Igual que el anterior propietario del libro de arena, vio en el libro un amuleto. Un amuleto para conjurar la violencia de los libros que le salían al cruce: los que leían los demás viajeros en el transporte público. Del mismo modo que un único libro de arena compendia la biblioteca interminable, se me ocurre que la imagen de esa mujer en el tren condensa la de todas las bibliotecas en las que tantos indigentes californianos hallaron su destino de lectores.

“La imagen no deja de resultarme hermosa —escribió mi amigo Diego en el final de la historia—: la de una mujer analfabeta que lee, aunque no sepa leer, a un escritor ciego y brillante allá lejos, en aquellos trenes del sur”.



VÁZQUEZ, CRISTIAN, 12 octubre 2017. Cuando los libros nos salen al cruce con cierta violencia. Letras Libres [en línea]. [Consulta: 12 octubre 2017]. Disponible en: http://www.letraslibres.com/mexico/cultura/cuando-los-libros-nos-salen-al-cruce-cierta-violencia. 

5 oct. 2017

Larga vida al libro impreso

Por: Jesús Hernández



Todo cambio supone una pequeña revolución. La llegada de los formatos digitales de las diferentes manifestaciones culturales (música, cine, literatura, arte…) fue recibida hace unos años con escepticismo y temor.  Del mismo modo, los más agoreros aseguraban que el libro impreso estaba herido de muerte y que las ediciones digitales terminarían con las impresas en cuestión de un par de años. Nada más lejos de la realidad. Hoy podemos afirmar que la revolución digital no hace sino abrir otra ventana, ofrecer otra manera de consumir literatura, que no excluye al producto impreso.

Si bien es verdad que el libro digital ha ganado adeptos, esto no significa que el libro impreso los haya perdido. Más bien ambos conviven en un mundo editorial que tras unos años de decadencia, vuelve a ver cómo sus perspectivas remontan. De hecho, los últimos datos publicados por el Observatorio de la Lectura y el Libro, dependiente del Ministerio de Educación, señalan que tras la fuerte caída de 2013 y el estancamiento de 2014 y 2015, durante el 2016 la producción de libros impresos creció un 6,4%. Estos mismos datos reflejan que los libros en papel representaron el 70,7% del total, mientras que la edición electrónica abarca el 29,3%.

Una primera lectura de estos datos nos hace comprender que el formato digital no sólo no ha sustituido al impreso sino que éste continúa manteniendo su hegemonía.  Otro marcador que demuestra la buena salud del sector editorial español es que, en la actualidad, España es el segundo país europeo con mayor número de librerías, sólo superado por Alemania. Este estudio realizado por la Federación de Editores Europeos avala la tesis de los que pensamos que, pese a la omnipresente digitalización, el valor del libro impreso y sus características diferenciales continúan siendo apreciadas por los lectores.

La industria del libro impreso cuenta, además, con nuevas herramientas para su desarrollo. Por ejemplo, las que ofrecen los nuevos sistemas de impresión bajo demanda, que permite tiradas mucho más pequeñas basadas en las demandas directas de cada consumidor, eliminando así los costosos stocks y el gasto que éstos suponen tanto para editoriales como para librerías y puntos de venta.

Además, este tipo de impresión más flexible permite que las editoriales más pequeñas o incluso los editores particulares puedan realizar tiradas de manera más asequible. Así, con la impresión bajo demanda los editores pueden actualizar y modificar las obras con un coste muy bajo, lo que permite que las editoriales sean mucho más ágiles y flexibles de lo que eran anteriormente.

Por otro lado, estas tiradas cortas bajo demanda facilitan la recuperación de algunos títulos previamente descatalogados, y encuentran su aplicación ideal en el sector de la educación, pues ahora se pueden actualizar fácilmente los contenidos en reediciones “a medida”.

El libro impreso aún tiene mucho que ofrecer, y un público amplio que no está dispuesto a dejar que la experiencia táctil de la lectura sea reemplazada por la frialdad de la pantalla. Porque más allá de las palabras, el libro físico ofrece algo que el digital no podrá: una experiencia sensorial mucho más completa.

De hecho hay estudios que aseguran que recordamos mejor los textos leídos en un formato impreso porque el contexto (los márgenes, las arrugas de la página, el olor, el hecho de pasar las páginas…) nos ayuda a formarnos una imagen mental más acertada de aquello que leemos. Los expertos plantean, además, que la lectura en formatos electrónicos suele ser más superficial, y por tanto la concentración es menor.


El libro electrónico da respuesta al cambio de hábitos de algunos lectores, y hoy podemos elegir bien el formato digital o el impreso según nuestros diferentes momentos de lectura y necesidades concretas. No dejemos que la llegada de una nueva tecnología nos haga olvidar todas las ventajas del formato impreso y el largo recorrido que aún tiene por delante.

Fuente bibliográfica
HERNÁNDEZ, JESÚS, 2017. Larga vida al libro impreso. La lectora futura [en línea]. [Consulta: 5 octubre 2017]. Disponible en: https://lalectorafutura.comlarga-vida-al-libro-impreso/. 

3 oct. 2017

Los cuatro trucos para mejorar tu memoria

Por: Pilar Jericó




Imagina que pudieras memorizar las cartas de una baraja colocadas aleatoriamente en noventa segundos, o una secuencia de más de cien dígitos en menos de cinco minutos. ¿Imposible? No, Chester Santos ha sido capaz de hacerlo, lo que le ha supuesto, junto a otras pruebas, convertirse en el campeón de memoria en Estados Unidos hace unos años. Y lo que lo ha hecho posible ha sido el entrenamiento, algo que todos en mayor o medida podemos hacer para recordar mejor las cosas según Wendy Suzuki, directora del laboratorio de investigación de Nueva York. Veamos cómo conseguirlo en cuatro fáciles claves.
  
La primera clave sencilla para mejorar la memoria es la repetición. Seguro que tienes la experiencia de recordar fácilmente un movimiento de baile, de deporte o de conducción cuando lo has repetido un sinfín de veces. El motivo es químico. Hemos generado un nuevo hábito, es decir, un nuevo cableado neuronal, que actúa inconscientemente. Por eso no es de extrañar que sin darte cuenta te hayas dirigido al trabajo en coche cuando realmente querías ir a otro sitio. No es que estés obsesionado, sino que la repetición genera un nuevo surco en la memoria que te juega buenas (o malas) pasadas. Por eso, si quieres aprender algo nuevo, el primer punto es repetir, repetir y armarte de paciencia.

Otra clave para recordar cosas nuevas es la asociación. Según la conferencia TED de Chester Santos, este es su truco cuando memoriza una lista de nombres como, por ejemplo, mono, pesas, casa... En vez de fijarse en la palabra, crea una historia que le ayuda a recordarlo, tipo “el mono está haciendo pesas en una casa…”. La asociación puedes llevarla a tu día a día de muchos otros modos, como a la hora de recordar los nombres de personas que acabas de conocer, algo que, por cierto, solemos olvidar con facilidad según ha demostrado la ciencia (una buena explicación para no sentirnos mal con nosotros mismos). Por ello, el truco es asociar cada nombre a una persona que ya conoces anteriormente. De este modo, cuando te presentan a Juan, por ejemplo, evocas a un amigo tuyo que también se llame así. Si aplicas este pequeño truco, muy posiblemente te resulte más sencillo acordarte de su nombre.

La resonancia emocional es otro de los pegamentos de la memoria. Seguro que recordarás qué estabas haciendo cuando supiste lo del 11S o cuando te dieron una noticia que te sorprendió, o un momento en el que disfrutaste muchísimo. El motivo se debe a la amígdala, la zona del cerebro emocional que tiene la cualidad de registrar sensaciones intensas. Por ello, todo aquello que hayas vivido con intensidad emocional te será más fácil de memorizar, como una asignatura que te gustara mucho en el colegio o la visita que hiciste a algún lugar que te fascinó. Así pues, en la medida en que algo te guste, incluirás emociones y te resultará más fácil memorizarlo.

Y por último, el cuarto truco es la novedad. Lo nuevo atrae a nuestro cerebro y lo recuerda. Esto se debe también a la resonancia emocional que nos despierta. Por ello, resulta más fácil recordar los nombres anteriores del ejemplo de mono, pesas, casas, etc., si la historia que construyes es sorprendente o descabellada. Un mono haciendo pesas no es muy habitual, sin duda. Podríamos decir que a nuestro cerebro le gusta divertirse un poco. Por ello, si utilizas también tu imaginación y creatividad a la hora de escribir las cosas que no quieres que se te olviden, se lo pondrás más fácil a tu memoria. Le es más fácil recordar palabras decoradas o pintadas artísticamente que recogidas en un documento de Excel.


En definitiva, la mayor parte de los mortales deseamos tener mejor memoria. Como dicen los expertos y los científicos, esta puede entrenarse si somos capaces de repetir lo que es nuevo, de asociarlo a conceptos que ya conocemos, de vincularlo a emociones y de jugar con la novedad.


Fuente bibliográfico
JERICÓ, P., 2017. Los cuatro trucos para mejorar tu memoria. EL PAÍS [en línea]. [Consulta: 4 octubre 2017]. Disponible en: https://elpais.com/elpais/2017/09/17/laboratorio_de_felicidad/1505670963_432173.html. 

28 sept. 2017

La enfermedad de estar ocupado




Hace unos días me encontré con una buena amiga. Me detuve para preguntarle qué tal le iba y saber cómo estaba su familia. Puso los ojos en blanco, miró hacia arriba y en voz baja suspiró: “Estoy muy ocupada… muy ocupada… demasiadas cosas ahora mismo”. Poco después me encontré con otro amigo y le pregunté qué tal estaba. De nuevo con el mismo tono, la misma respuesta: “Estoy muy ocupado, tengo mucho que hacer”. Se le notaba cansado, incluso exhausto.

Y no sólo nos pasa a los adultos. Cuando nos mudamos hace diez años, estábamos emocionados por cambiarnos a una ciudad con buenos colegios. Encontramos un buen vecindario con mucha diversidad de gente y muchas familias. Todo estaba bien. Después de instalarnos, visitamos a uno de nuestros amables vecinos y les preguntamos si nuestras hijas podrían conocerse y jugar juntas. La madre, una persona realmente encantadora, cogió su teléfono y empezó a mirar la agenda. Pasó un rato deslizando la pantalla y al final dijo: “Tiene un hueco de 45 minutos en las próximas dos semanas. El resto del tiempo tiene gimnasia, piano y clases de canto. Está muy ocupada”. Los hábitos destructivos empiezan pronto, muy pronto.

¿Cómo hemos terminado viviendo así? ¿Por qué nos hacemos esto a nosotros mismos? ¿Por qué se lo hacemos a nuestros hijos? ¿Cuándo se nos olvidó que somos seres humanos y no “haceres humanos”?

¿Qué pasó con el mundo en el que los niños se ensuciaban con barro, lo ponían todo perdido y a veces se aburrían? ¿Tenemos que quererlos tanto como para sobrecargarlos de tareas y hacerles sentir tan estresados como nosotros?

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¿Qué pasó con el mundo en el que podíamos sentarnos con la gente que más queremos y tener largas conversaciones sobre nosotros mismos, sin prisa por terminar? ¿Cómo hemos creado un mundo en el que tenemos más y más cosas que hacer con menos tiempo libre (en general), menos tiempo para reflexionar, menos tiempo para simplemente… ser? “Una vida sin examen, no merece ser vivida”.

¿Cómo se supone que podemos vivir, reflexionar, ser o convertirnos en humanos completos si estamos constantemente ocupados?

Esta enfermedad de estar “ocupado” es intrínsecamente destructiva para nuestra salud y bienestar. Debilita la capacidad de concentrarnos completamente en quienes más queremos y nos separa de convertirnos en el tipo de sociedad que tan desesperadamente clamamos.

Desde los años 50 hemos tenido tantas innovaciones tecnológicas que nos prometimos hacer nuestras vidas más fáciles, más rápidas, más sencillas. Aun así, hoy no tenemos más tiempo disponible que hace algunas décadas. Para algunos de nosotros, “los privilegiados”, las líneas entre el trabajo y la vida personal desaparecen. Siempre estamos con algún aparato. Todo el tiempo. Tener un smartphone o un ordenador portátil significa que deja de existir la división entre la oficina y nuestra casa. Cuando los niños se van a la cama, nosotros nos conectamos.

Una de mis rutinas diarias es revisar una avalancha de correos. Me suelo referir a esto como “mi yihad contra el correo”. Estoy constantemente enterrado bajo cientos y cientos de correos, y no tengo ni la más remota idea de cómo detenerlo. He intentado diferentes técnicas: respondiendo sólo por las mañanas, no respondiendo los fines de semana, diciéndole a la gente que nos comuniquemos cara a cara. Pero siguen llegando; correos personales, correos del trabajo. Y la gente espera una respuesta a esos correos. Ahora, resulta que quien está demasiado ocupado soy yo.

La realidad es muy diferente para otros. Para algunos, tener dos trabajos en sectores mal pagados es la única forma de mantener una familia a flote.

Los viejos modelos (incluyendo el del núcleo familiar sólo con un padre trabajando, si es que tal cosa alguna vez existió) ha pasado de largo para muchos de nosotros. Sabemos que existe una mayoría de familias en las que la unidad familiar está separada o con ambos padres trabajando. Y no funciona. No tiene que ser así. En muchas culturas musulmanas, cuando quieres preguntarle a alguien qué tal le va, dices: en árabe,¿Kayf haal-ik? o, en persa, ¿Haal-e shomaa chetoreh? ¿Cómo está tu haal?

¿Qué es ese haal por el que preguntas? Es una palabra para preguntar por el estado transitorio del corazón de uno. En realidad preguntamos ¿Cómo está tu corazón en este momento exacto, en este mismo suspiro? Cuando nosotros preguntamos ¿Qué tal estás?, esto es exactamente lo que queremos saber de la otra persona.

No pregunto cuantas cosas tienes por hacer, no pregunto cuantos correos tienes pendientes de leer. Quiero saber cómo estás en este preciso momento. Cuéntame. Dime que tu corazón está contento, dime que tu corazón está dolorido, que está triste y que necesita contacto humano. Examina tu propio corazón, explora tu alma y después cuéntame algo sobre ambos.

Dime que recuerdas que sigues siendo un ser humano, no sólo un “hacer” humano. Dime que eres algo más que una máquina completando tareas. Ten esa charla, ese contacto. Ten una conversación sanadora, aquí y ahora. Pon tu mano en mi hombro, mírame a los ojos y conecta conmigo por un segundo. Cuéntame algo sobre tu corazón y despierta al mío. Ayúdame a recordar que yo también soy un ser humano pleno que necesita contacto con otros humanos.

Enseño en una universidad en la que hay muchos estudiantes orgullosos de si mismos con el estilo de vida “estudiar mucho, desfasar mucho”. Esto probablemente podría ser un reflejo de buena parte de nuestro estilo de vida. No tengo soluciones mágicas. Lo único que sé es que estamos perdiendo la capacidad de vivir una vida plena. Necesitamos una relación diferente con el trabajo y la tecnología. Sabemos lo que queremos: una vida con significado, sentido de humanidad y una existencia justa. No es sólo tener cosas. Queremos ser completamente humanos.

¿Cómo se supone que vamos a examinar los rincones oscuros de nuestra alma si no tenemos tiempo? ¿Cómo podremos vivir una vida sujeta a examen?

Siempre soy prisionero de la esperanza, pero me pregunto si estamos dispuestos a reflexionar sobre cómo hacerlo y sobre cómo vivir de otra manera. De alguna forma, necesitamos un modelo diferente de reorganización individual, social, familiar y humanitario.

Quiero que mis hijos se ensucien, que lo ensucien todo y que incluso se aburran. Quiero que tengamos un tipo de existencia en el que podamos detenernos por un momento, mirar a otras personas a los ojos, tocarnos y preguntarnos mutuamente ¿cómo está tu corazón?. Me estoy tomando tiempo para reflexionar sobre mi propia existencia; estoy lo suficientemente en contacto con mi propio corazón y alma para saber cómo me siento y para saber cómo expresarlo. ¿Cómo está tu corazón hoy? Déjame insistir en un tipo de conexión humano a humano en la que cuando uno de nosotros responda “Estoy muy ocupado”, podamos responder “Lo sé”. Todos lo estamos. Pero quiero saber cómo está tu corazón”.


“Se necesita más coraje para escudriñar los rincones oscuros de tu propia alma que para luchar en un campo de batalla”.


Fuente bibliográfica
La enfermedad de estar ocupado. Consejos del Conejo [en línea], 2016. [Consulta: 29 septiembre 2017]. Disponible en: https://consejosdelconejo.com/2016/01/26/la-enfermedad-de-estar-ocupado/. 


27 sept. 2017

La sorprendente y antiquísima historia de las abreviaturas (y cómo algunas las seguimos usando)

Por: Irene Hernández Velasco


Ola, k tal, cmo estás, k te trae por akí. Si tienes gns t vamos a contar desde kuándo se scriben txtos con abreviaturas y xk no es algo nuevo. Aunq wasap y otrs servicios d mnsajería instntánea hn ppularizado sta tndencia , rsult q kitar letras es algo q se hace dsd + o - la época d ls romanos.

Se abrevia desde siempre, desde los primeros tiempos de la escritura. Y se abreviaba por lo mismo por lo que se hace hoy: para ahorrar tiempo y espacio, para conseguir escribir más rápidamente y en el menor espacio posible.

Tan antigua y arraigada es la práctica de reducir palabras al escribirlas que hasta existe una ciencia, la braquigrafía, que se ocupa de estudiar las abreviaturas y las representaciones reducidas de palabras.

La braquigrafía constituye a su vez una parte fundamental de la paleografía, el saber que analiza la escritura de los documentos antiguos.

Descifrar correctamente las abreviaturas que aparecen en textos de hace siglos es todo un reto, porque una equivocación al respecto puede hacer variar completamente el sentido de un documento.

Desde los romanos

Vistas del Coliseo de Roma
Los romanos incluso intentaron regularizar las abreviaturas pero fue imposible.

Ya en la época de los romanos, en el siglo II a. C. (abreviatura por cierto de "Antes de Cristo"), se utilizaban las abreviaturas. De hecho, había tantas y tan variadas que se dictaron numerosas normativas para tratar de limitarlas, y que, sin embargo, no tuvieron éxito.

Había algunas abreviaturas características y consolidadas, pero también cada escribano tenía sus propias y particulares abreviaturas.

"Sin embargo, sería erróneo e impreciso decir que las abreviaturas no obedecían a determinadas reglas. Las había", asegura Natalia Silva Prada, especialista en historia cultural del periodo colonial americano y autora del blog "Paleografías americanas".

Distintos tipos
Una de las abreviaturas más utilizadas ya entonces, y que todavía hoy se emplea, era la de sustituir una palabra por sus siglas, por la letra por la que empieza.

Augustus se transformaba así en A, Cesar se escribía con una simple C, a. m. era la abreviatura de "ante meridiem", antes del mediodía, que por cierto aún se sigue utilizando… O la famosa S.P.Q.R., acrónimo de Senatus Populusque Romanus, el senado y pueblo de Roma, una abreviatura que aparecía en las monedas, los documentos públicos, en el blasón de las legiones romanas y en inscripciones en monumentos públicos.

Inscripción romana Senatus Populusque Romanus
S.P.Q.R significa Senatus Populusque Romanus y es una de las abreviaturas más usadas por los romanos.


Otra forma histórica de abreviar era suprimiendo algunas letras al final de la palabra, lo que se indicaba además añadiendo un punto u otro signo de puntuación.

¿Un ejemplo, también de la época de los romanos y que aún hoy sigue vigente? Etc., abreviatura de "et cetera", que en latín significa "y lo demás". También está "id.", reducción de ídem (lo mismo). Y vs., abreviatura de "versus" (contra). Ese método de abreviación aún se sigue empleando hoy en día: Teléf., tpo, traduc., Nº…

La supresión de algunas o todas las letras centrales y dejando sólo las más representativas es desde hace siglos otro de los sistemas más comunes de abreviar. De ese modo, en latín "supra" (más arriba) pasó a ser simplemente sup. Y hoy, departamento se escribe de manera abreviada como dpto. o depto. y administrador se convierte de ese modo en admr.

Un hombre opera un celular
Las abreviaturas llegaron mucho antes que los mensajes de texto.

Pero, aunque en general las abreviaturas se empleaban para ahorrar tiempo y espacio, no siempre era así.

Hay manuscritos en los que, junto a formas abreviadas, conviven grafías ornamentales que suponen un considerable derroche de tiempo y de medios.

"En muchos casos la realidad demuestra que escribir una palabra abreviadamente puede llevar más tiempo y exigir más atención que si se escribe con todas sus letras", señala Luis Núñez Contreras en su "Manual de Paleografía: Fundamentos e Historia de la escritura latina hasta el siglo VIII".

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Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival de Segovia, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad española entreel 22 y 24 de septiembre.


Fuente bibliográfica
VELASCO, I.H., 2017. ¿K tal? ¿Cmo estás? La sorprendente y antiquísima historia de las abreviaturas (y cómo algunas las seguimos usando). BBC Mundo [en línea]. 24 septiembre 2017. [Consulta: 28 septiembre 2017]. Disponible en: http://www.bbc.com/mundo/noticias-41244185. 















http://www.bbc.com/mundo/noticias-41244185?ocid=socialflow_gplus
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