26 mar. 2017

Lugares donde fueron escritos tus libros favoritos


Por: Alberto Piernas



Cuando escribimos, la importancia de hacerlo en ese lugar en el que nos sintamos cómodos cobra especial importancia cuando se trata de dar rienda suelta a la creatividad; porque cada uno somos distintos, porque necesitamos de una atmósfera de paz e inspiración para dar rienda suelta a todas esas historias que yacen escondidas en algún lugar.

Si en tu caso aún no has encontrado tu pequeño santuario, posiblemente estos lugares donde fueron escritos tus libros favoritos puedan ayudarte.



Bimini (Bahamas)
Ernest Hemingway siempre fue un viajero empedernido y el Caribe ese mar que configuró el mapa literario de islas, pescadores y aventuras que inspiraría la famosa El viejo y el mar, historia en la que un pescador (aparentemente un amigo suyo de Cojímar, un pueblo marinero cercano a La Habana), partiría en busca del pez más grande que el mundo jamás había visto.

Sin embargo, y aunque Hemingway fuese admirador de los mojitos de La Bodeguita de En Medio y los daiquiris de La Floridita, ambos en la capital cubana, fue en la paradisíaca isla de Bimini, en Las Bahamas, donde el autor de Fiesta daría vida a su gran obra en 1952 mientras alternaba su escritura con la búsqueda de submarinos alemanes hundidos abordo de su bote, el Pilar.



Calle La Loma (México D.F.)
Cuesta imaginar que a pocos metros de los estudios de culebrones más famosos de la capital mexicana, la calle La Loma fuese el lugar donde surgiría la novela más influyente de la literatura latinoamericana del siglo XX. Pero sí, gracias a la ayuda de unos buenos amigos y la comprensión de su casero, Luis Coudurier, Gabriel García Márquez escribió en el número 19 de esta calle de los suburbios de México DF su mayor obra, Cien años de soledad. Durante 18 meses entre 1965 y 1966, el Nobel de Literatura escribió el manuscrito entre deudas y llantos que consolaba en el lecho de su esposa, Mercedes Barcha.



The Elephant House (Edimburgo)

“No es ningún secreto que el mejor lugar para escribir es un café”, dijo una vez J.K. Rowling, la mujer en paro que en 1996 comenzó a escribir la historia de un joven mago llamado Harry Potter en las servilletas de la cafetería The Elephant House, en el 21 de George IV Bridge, en Edimburgo. Todo lo que ocurrió a partir de aquellas tardes de soledad ya es historia.



Prinsengracht 263-265 (Amsterdam)

Dos familias judías se refugiaron una vez de las tropas nazis, dando lugar a uno de los libros más cruentos del siglo XX, uno imprimido por la inocencia y el miedo. Más concretamente del 12 de junio de 1942 al el 1 de agosto de 1944, una niña de trece años llamada Anna Frank escribió un diario al que llamó Kitty, el mismo que su padre se encargaría de mostrar al mundo una vez toda su familia, incluida su pequeña hija, muriese en los campos de concentración. La casa puede visitarse actualmente, pero no te aseguro que no salgas con la piel de gallina.



Una isla perdida
Había que darle algo de misterio al asunto pero tranquilos, conocemos la remota y pequeña isla donde George Orwell escribió la trascendental 1984: en Jura, una de las islas Hébridas de Escocia, más concretamente en una granja llamada Barnhill en la que Orwell vivió entre 1946 y 1950, año de su muerte, completando su obra magna entre acantilados abruptos, mares misteriosos y llanuras en las que el hombre podía sentirse algo más libre que en su distópica obra.


Estos lugares donde fueron escritos tus libros favoritos pueden ser visitados actualmente por todos aquellos lectores en busca del legado de grandes autores, de su ingenio y soledad, de su inspiración.


Fuente bibliográfica
PIERNAS, ALBERTO, 2017. Lugares donde fueron escritos tus libros favoritos. Actualidad Literatura [en línea]. [Consulta: 26 marzo 2017]. Disponible en: https://www.actualidadliteratura.com/donde-escribian-autores-favoritos/. 














https://www.actualidadliteratura.com/donde-escribian-autores-favoritos/

Cómo usar las páginas en blanco de los libros








La presencia de páginas en blanco en los libros responde a distintos motivos. Este artículo describe algunas formas poco usuales de interpretarlas y aprovecharlas.

1
En los primeros días de 2006, mientras trabajaba en los archivos de la University College de Londres, una librera llamada Susan Stead encontró un tesoro: un poema de puño y letra de Lord Byron, escrito en una de las páginas en blanco de un ejemplar del libro The Pleasures of Memory, de Samuel Rogers, impreso en 1810. El volumen había sido un regalo de Rogers, con la dedicatoria: “Al muy honorable lord Byron, de su obligado y fiel amigo”. Byron —una de las más grandes figuras del romanticismo inglés— lo devolvió al autor con un poema de agradecimiento, que comienza con las palabras “Ausente o presente aún para ti, mi amigo…” Estaba fechado en 1812 y fue incluido en un libro de Byron cuatro años después.

Si bien no tan trascendentes ese (tal documento es ahora el único manuscrito de un poema de Byron que se conserva), muchas veces las páginas en blanco de los libros nos hacen sentir ante la presencia de auténticos tesoros. Uno de los más comunes es una dedicatoria del autor, que convierte en especial a cualquier ejemplar. La dedicatoria de otra persona —pareja, amigo, familiar— hace del libro un capítulo en la historia de una relación, e incluso cuando desconocemos a sus protagonistas sentimos que el volumen cuenta con un aura particular, nos hace preguntarnos quiénes serán, qué habrá sido de ellos, qué les habrá pasado para que ese objeto, tan valioso en algún momento, acabara en una librería de viejo…

2
Las hojas en blanco que aparecen al principio y al final de los libros se llaman páginas de respeto o de cortesía. Dadas las múltiples historias que esos espacios en blanco favorecen, el nombre parece apropiado. Sin embargo, no son las dedicatorias la única utilidad de esas páginas. También posibilitan las anotaciones por parte de las bibliotecas, los comentarios de evaluación en los trabajos académicos y otros apuntes en publicaciones más o menos técnicas.

No todas las hojas en blanco en los libros, de todos modos, son fruto del respeto o la cortesía del editor. La cantidad de las que aparecen al final, por ejemplo, a menudo depende de si la encuadernación exige alcanzar un número de páginas múltiplo de 4 u 8, en función de los pliegos y otros datos de la composición de cada ejemplar. Y otras son, por supuesto, producto del error. ¿Qué lector no ha sufrido la consternación de encontrar páginas en blanco en el libro que está leyendo y darse cuenta de que es víctima de un accidente imprenteril? A veces se puede reclamar en la librería que lo ha vendido, pero, por desgracia, no siempre el defecto se descubre a tiempo; los libreros en general se niegan a cambiar libros subrayados, anotados o con dedicatorias en sus páginas en blanco.

3
En ciertas ocasiones, la página en blanco en medio de un libro llama a la confusión. ¿Está así por equivocación o a propósito? No siempre es fácil determinarlo. En un texto de ficción, puede que las consecuencias de esta duda no pasen de dotar al texto de una involuntaria ambigüedad, pero si se trata de un documento que exige rigor (una tesis doctoral, un contrato, un manual de instrucciones, etcétera) la situación puede provocar problemas. Así es como se originó la costumbre de incluir en esos casos la frase: “Esta página ha sido dejada intencionalmente en blanco”. Una frase, por cierto, esencialmente paradojal, dado que su presencia suprime el carácter blanco de la página.

A comienzos de la década de 2000, cuando el acceso a la web comenzaba a masificarse, un grupo de internautas desarrolló The “This Page Intentionally Left Blank” Project, es decir, el proyecto “Esta página ha sido dejada intencionalmente en blanco”. Los autores de la iniciativa eran personas que deploraban que ya casi no hubiera páginas en blanco, y que las que había, en lugar de incluir el mensaje clásico, se disfrazaran bajo un utilitarista For your notes (“Para tus notas”). Por eso, se propusieron introducir páginas intencionalmente en blanco en la web, y convocaban para ello a todos los hacedores de webs y blogs a unirse a la iniciativa y dejar alguna página en blanco en sus sitios.

“Un motivo —explicaban— es mantener vivo el recuerdo de estas famosas e históricas páginas en blanco. Pero la razón principal es ofrecer a quienes deambulan por internet un lugar de sencillez y tranquilidad en la superpoblada red. Una página en blanco para relajar la mente inquieta”.

Lamentablemente, la última actualización de la web del proyecto es de 2005. Y sin embargo algunas de las páginas en blanco que formaban parte del plan todavía se mantienen activas. O sea, sin nada más que la paradojal frase. El adjetivo activas aplicado a estas páginas encierra, desde luego, otra bonita paradoja.

4
“Esta página ha sido intencionalmente dejada en blanco” fue también el título de una muestra inaugurada en abril de 2011 por el Centro Cultural Libertador Simón Bolívar, de Guayaquil. Como se trataba de obras de varios artistas emergentes que “esbozaban primeras instancias de líneas de investigación”, los curadores de la muestra consideraron que no debían “pretender encontrar un hilo conductor en un campo con prácticas artísticas de intereses y formalizaciones tan diversas y tempranas”. De esa forma, la exposición se convertía en “un lugar que permite una amplia gama de relaciones en donde el espectador/usuario es libre de toda lectura e interpretación”.

Los curadores cerraban su texto de presentación con una cita de Michel Foucault (tomada de Esto no es una pipa, su ensayo sobre Magritte publicado en 1981), según la cual “es ahí, en esos pocos milímetros de blancura, en la arena calma de la página, donde se anudan entre las palabras y las formas todas las relaciones de designación, de nombramiento, de descripción, de clasificación”.

5
Entonces, formas de ver las páginas en blanco: como el espacio donde las relaciones definen lecturas e interpretaciones múltiples, pero también como espacios de tranquilidad, de sencillez, de activa calma, de una quietud engañosa, de duda, de ambigüedad, de respeto, de cortesía, de dedicatorias cariñosas, de historias que se cruzan, de amores que se pierden en la distancia.

Lord Byron, poco después de dedicar a Samuel Rogers aquel afectuoso poema, se enojó con él y en 1818 le dedicó una amarga sátira. Sin embargo, el manuscrito en una página que había quedado intencionalmente en blanco y que ahora duerme en volumen en el University College de Londres, permanece como una foto de aquella amistad.

Los ópticos explican que la luz blanca está compuesta por la superposición de todo el espectro de la luz visible. Tal vez en esa afirmación resida la clave de cómo usar las páginas en blanco de los libros: descansar la vista sobre ellas, relajar la mente inquieta, buscar la forma en que se anudan las relaciones entre las palabras y las formas y, de alguna manera, descomponer ese blanco en todos los colores que lo conforman. Y al fin, en todo caso, escribir algo en esa página en blanco. No seremos Lord Byron, pero quizá, quién sabe, estemos convirtiendo ese ejemplar en algo especial para algún lector del futuro.


Fuente bibliográfica
VÁZQUEZ, CRISTIAN, 21 marzo 2017. Cómo usar las páginas en blanco de los libros. Letras Libres [en línea]. [Consulta: 26 marzo 2017]. Disponible en: http://www.letraslibres.com/espana-mexico/cultura/como-usar-las-paginas-en-blanco-los-libros. 

21 mar. 2017

Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminar

Por: Luis Meyer



Nos dicen que hay que leerlas porque son los mejores. Y nosotros, valientes, lo intentamos. Algunos incluso llegamos a la página 30

Ciento treinta millones. Es más o menos el número de obras literarias publicadas a lo largo de nuestra historia. Un dato descorazonador para quien tuviera entre sus planes leérselo todo en vida: harían falta 250 años. Y eso, siempre que uno tuviera la capacidad sobrehumana de devorar cada libro en un minuto.

Tal vez por eso a algunos escritores consultados para este artículo no le duelen prendas en reconocer que acumulan un montón de ejemplares dejados a medias en sus estanterías. Incluso lo recomiendan: "La vida es corta y hay demasiadas cosas interesantes que leer", opina Andrés Barba, uno de los jóvenes escritores más importantes en habla hispana, según la prestigiosa revista británica Granta. Barba reconoce que la única vez que ha logrado acabarse Moby Dick fue cuando le encargaron traducir su última edición en castellano. El filósofo Henry David Thoreau ya lo había dicho un par de siglos antes: "Lee los buenos libros primero; lo más seguro es que no alcances a leerlos todos".

Visto el panorama, conviene no perder el tiempo con lecturas infructuosas. Manuel Astur, poeta, ensayista y cofundador del movimiento artístico Nuevo Drama, aconseja huir de lo farragoso: "Creo que un buen libro es el que logra contar algo complejo con un lenguaje sencillo y ahorrador", y cita: "La broma infinita, de Foster Wallace, es un claro ejemplo de postureo: pocos han conseguido terminarse sus más de mil páginas. Y quienes lo han hecho, jamás reconocerán que no les ha gustado y han perdido el tiempo".


Hay una cantidad ingente de obras malditas que muchos no tienen las tragaderas para leer hasta el final, ni el arrojo de reconocerlo. Ya dimos 10 ejemplos, y ahora vamos con un segundo listado. Antes de afrontarlo, un consejo kafkiano para optimizar el tiempo y no desazonarse ante los millones de ejemplares que jamás llegaremos a hojear y, mucho menos, culminar: "No se deberían leer más que los libros que nos pican y nos muerden. Si el libro que leemos no nos despierta con un puñetazo en el cráneo, ¿para qué seguir?". Lo dijo un autor, Kafka, prolífico en obras que muchos han dejado a medias.

1. 'Ada o el ardor', de Vladímir Nabókov
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarEl típico caso de una obra de arte aplaudida por la crítica e incomprendida por el público. El genial autor de San Petersburgo escribía tan bien que facturó su novela más célebre, Lolita, en inglés, y ni siquiera era su lengua vernácula (aunque la dominara desde pequeño, por el empeño de su aristocrática familia y sus maestros de escuela). El germen de Ada o el ardor se le ocurrió tras volverse mundialmente famoso con la historia del profesor viudo obsesionado con una adolescente: justo después de Lolita, se propuso crear su obra maestra (aún no era consciente de que ya lo había hecho), y Ada o el ardor (1969) nació de dos proyectos distintos, dos crónicas vitales que acabaron trenzándose de tal manera que decidió que merecían convertirse en una sola novela.

Tal vez por eso le llevó escribirlo más de nueve años. Nabókov siempre declaró que deseaba ser recordado por esta obra, aunque su enrevesamiento narrativo, plagado de acrobacias semánticas, alusiones y dobles sentidos imperceptibles para un lector de inteligencia media, no encontró el acomodo universal que esperaba. El poeta Manuel Astur vive una contradicción con este libro: "Nabókov es uno de mis maestros, mi gran inspiración para mis libros. Pero esta es una novela que se me resiste, por más que lo intento".

2. 'Rayuela', de Julio Cortázar
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarEl escritor argentino definió su obra maestra Rayuela (1963) como "contranovela". A través de la historia de su protagonista, Horacio Oliveira, traza, a lo largo de 156 capítulos, una vida completa, pero con estructuras que huyen de convencionalismos para adentrarse en lo surrealista. Y no solo en lo que cuenta, sino especialmente en cómo lo hace. Invita al lector a compartir su caos y le da varias opciones para leer la novela: está la "normal", de principio a fin. También la "tradicional", solo hasta el capítulo 56 y prescindiendo del resto. También la "anárquica", esto es: el orden que se le antoje al lector.

Y, por último, el que propone Cortázar a modo de juego, con una secuencia establecida en el "tablero de dirección" mostrado en la primera página, como una suerte de Excel primigenio. Es una cuadrícula en la que el lector comienza en el capítulo 73, y de ahí va rebotando de uno a otro sin orden aparente, hasta finalizar en el 131. Muchos son quienes aseguran no haber pasado de la página tal o de la página cual. Pero a esa confesión debe seguir la inevitable pregunta: ¿en qué orden te lo leíste? Y es que Rayuela es el único libro que, si se deja por la mitad, puede significar que prácticamente te lo has acabado.

3. 'En busca del tiempo perdido', de Marcel Proust 
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarLa filóloga Josefina Lascaray da un consejo a los intrépidos que se aventuren a terminarse los siete tomos que escribió Proust a lo largo de 14 años: "Llegar hasta la página 80 del primero, y superar la famosa escena en la que Proust rememora su infancia mientras moja una magdalena en té". El escritor parisino levantó esta obra de más de 3.000 páginas entre 1908 y 1922, justo el año que falleció, posiblemente exhausto por semejante odisea.

Muchos recomiendan leer antes la biografía de Proust, porque En busca del tiempo perdido se compone, en definitiva, de reflexiones sobre su vida hechas en vida. Pero volvamos a la página 80: "Es una novela muy complicada por la sintaxis tan propia y compleja de Proust, la ausencia de puntos en pasajes larguísimos en los que va hilando ideas dispares y es fácil perderse. Pero cuando pasas el episodio de la magdalena, el cerebro se acostumbra a su forma de escribir, y ya está preparado para el resto que, si le coges el punto, lo devoras", dice Lascaray. El suyo no es un caso normal. Pocos pueden decir que se han zampado los siete tomos ("es una mis espinas clavadas", reconoce Manuel Astur), y mucho menos dos veces, como la filóloga: "La primera por placer, recién empezada la universidad; la segunda, porque fue mi proyecto de fin de carrera. Y descubrí muchos detalles nuevos. Lo recomiendo". Quien esté dispuesto a secundarla, que se coja un par de meses de excedencia. O mejor un año.

4. '2666', de Roberto Bolaño
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarMuchos de los consultados achacan, a la dificultad para acabarse esta novela, su longitud. No en vano, el genialmente oscuro autor chileno la planteó como cinco libros independientes que se publicarían tras su muerte en 2003,como legado económico para su descendencia. Sus hijos, en cambio, dejaron de lado la intención crematística y prefirieron convertirlos en una única gran novela. El resultado son más de mil páginas con la pluma ágil y turbia de Bolaño recorriendo lo acontecido en la ciudad imaginaria de Santa Teresa, espejo de la violenta Ciudad Juárez de México.

Hay otro factor, sin embargo, que hace que uno encalle más o menos a la mitad del libro. Nos lo cuenta la filóloga Josefina Lascaray, una voz autorizada por la devoción que siente por el autor: "Me dio bajón. Bolaño tiene una escritura espectacular, pero en esa parte describe uno tras otro asesinatos de mujeres, durante páginas y páginas que pasan de lo tedioso a lo angustiante sin interrupción. Es como llegar a un terreno enfangado de horrores, que me impide seguir con lo que viene después".

5. 'Corrección', de Thomas Bernhard
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarAparte de su trama indescifrable, el desprecio absoluto del autor austriaco por los puntos y seguido (por no hablar ya de los puntos y aparte) y su obsesión con las frases subordinadas hasta el infinito, llevan al lector a la claudicación ya desde la tercera página de Corrección (1975).

Los hay que defienden a ultranza su estilo laberíntico, como Andrés Barba: "Hay que interpretar sus textos como obras sinfónicas, con sus ritmos y sus cadencias. Dejarse llevar como lo haces con una melodía". También el joven escritor y crítico literario Jesús Artacho, que sobre Corrección, afirma: "Lo sé, lo tiene todo para no gustar: un argumento poco atractivo y una sintaxis asfixiante en sus más de 300 páginas. Pero hay que leerlo, y después odiarlo o admirarlo sin reservas, pero hay que leerlo".


6. 'Los cantos', de Ezra Pound
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarEs un poema largo, larguísimo, más aún por el tiempo que llevó escribirlo que por su extensión. Casi medio siglo, desde 1915 a 1962, se tomó el poeta estadounidense Ezra Pound para culminar sus 116 cantos. Están considerados por la crítica una de las obras más significativas de la poesía modernista del siglo XX, y al mismo tiempo una de las más complejas. Por sus casi mil páginas circulan multitud de ideas atropelladas que saltan de una a otra abruptamente, en las que afloran su admiración hacia Confucio, su antisemitismo, su afinidad con el régimen de Mussolini, referencias geográficas que recorren Europa, Asia, Estados Unidos y África, volteretas temporales y varios idiomas, incluidos caracteres chinos.

El poeta y traductor cubano José Kozer da unas pautas para no cejar: "Leerlo en inglés. El inglés de los poemas de Ezra Pound es fácil de leer. Lo difícil en sus poemas es el griego, latín, chino, japonés, italiano del Renacimiento, imitaciones del habla popular inglesa o de la pronunciación del inglés en boca, por ejemplo, de un hablante alemán. Menos difícil de leer es su francés, italiano y alemán modernos, o su deficiente español, tan defectuoso como el de Hemingway". Y reconoce: "Leer a Pound es adentrarse en una interminable retacería muchas veces inabordable. Una poesía que nos entraña en la dificultad a veces ígnea, a veces tediosa del mundo que heredamos y al que damos en gran medida la espalda por desidia".

7. 'Flash boys', de Michael Lewis
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarSi hay algún índice mínimamente científico que pueda medir qué libros se dejan a medias, es el Hawking Index del Wall Street Journal. Se basa en los datos ofrecidos por Kindle, la plataforma digital, concretamente de su función Highlights: el usuario puede resaltar un párrafo, que luego recogerá Amazon en un listado de los pasajes más exitosos. En función de en qué página se encuentre el promedio de textos destacados, se desprende un porcentaje de lectores que se acabaron cada libro. Este índice de concreción discutible (se deja fuera a los lectores de las ediciones en papel y a los de Kindle que, sencillamente, no usen la susodicha función) tuvo, sin embargo, bastante repercusión cuando se publicó en 2014.

Allí figuraba Flash Boys (2014), que cuenta cómo se amañan los sistemas informáticos de las bolsas para que, al final, siempre gane la banca. Un libro interesante del que solo se leyó, de media, un 24,7% de su contenido. Y es que a pesar de desvelar escandalosos hallazgos, muchos critican su excesivo tecnicismo a la hora de contarlos. Michael Lewis, broker, escritor y periodista financiero, parece exigir tácitamente un máster en macroeconomía para entenderle.

8. 'La casa de hojas', de Mark Z. Danielewski
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarCuando uno pregunta por el género de La casa de hojas (2000), las respuestas de quienes han pasado por sus páginas son dispares: muchos la consideran una novela de terror, otros romántica, algunos creen que hay mensajes existenciales soterrados y los hay quienes, sencillamente, opinan que es un tostón ilegible. La crítica sí ha coincidido en calificarlo de literatura ergódica, neologismo que parte de dos palabras griegas: ????? (trabajo) y ???? (recorrido), y que define, según el estudioso Espen J. Aarsethse, a las obras que requieren un esfuerzo relevante por parte del lector para atravesar el texto.

El lector no se limitará a leer: para llegar a su última página habrá cambiado el libro de posición unas cuantas veces, leído caracteres inversos a través de un espejo, descifrado código morse, interpretado partituras y hasta alfabeto braille. "Cuando cayó este libro en mis manos, pensé que iba a ser un desastre comercial", cuenta un editor que prefiere no dar su nombre. "Al final se vendió muy bien, pero dudo que muchos lo hayan terminado", añade.

9. 'Cristo versus Arizona', de Camilo José Cela
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarEl Premio Nobel Camilo José Cela fue otro de los alérgicos a los puntos, al menos en este western experimental salmodiado en primera persona: solo tiene uno, el punto final. Se introduce en el salvaje Oeste para tocar, de soslayo, el famoso duelo que enfrentó a los Earp con los Clanton y los Frank, en octubre de 1881, en el O. K. Corral.Todo es una excusa para concatenar pequeños relatos sin rumbo definido.

Los pocos que logran llegar a la página 238 donde espera el añorado punto, eso sí, se ganan una radiografía certera de una sociedad que estuvo marcada por la violencia y el sexo, descrita con esa pátina de humor y desprejuicio que, irrebatiblemente, es Cela en estado puro.



10. 'Finnegans wake', de James Joyce
Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminarDe James Joyce podíamos haber elegido Ulises, pero nos pareció demasiado obvio. Cuando el lector se queje del esfuerzo que exige leer Finnegans wake (1939), que tenga en mente lo que le costó al autor levantar esta novela, que le llevó casi dos décadas escribir. Lo desconcertante es que la empezó poco después de terminar su monumental Ulises (1922), obra que, en sus propias palabras, lo había dejado "exhausto". Está claro que el escritor irlandés sacó fuerzas de algún lado, porque Finnegans waketiene 628 páginas, para las cuales tuvo que descartar casi 15.000.


Tiró de un leguaje inventado, a base de mezclar unidades léxicas inglesas con neologismos, y lo trufó de calambures que vuelven su compresión realmente difícil. La estructura ayuda poco: no es lineal sino, como él la calificó, "esférica", donde todo lo que se cuenta sobre la familia Earwicker y su entorno es al mismo tiempo principio y fin del relato. Los pocos que han logrado culminarla (y entenderla), como el escritor Anthony Burgess, afirman que se han "partido de risa en cada página". Felicidades, señor Burgess.


Fuente bibliográfica
MEYER, LUISPAÍS, E.E., 2017. Diez libros que son obras maestras, pero pocos han logrado terminar. EL PAÍS [en línea]. [Consulta: 21 marzo 2017]. Disponible en: http://elpais.com/elpais/2017/01/20/icon/1484939147_794976.html. 

20 mar. 2017

Todas las cosas mágicas que te puedes encontrar en un libro de segunda mano

Por: Xaime Mártinez



Marihuana, cartas de amor de tus abuelos, dinero o fotos de estudiantes desnudos... Estas son algunas de las historias que ocultan los libros entre sus páginas

Un libro es un lugar especial para guardar cosas: es bastante fácil predecir quién va a abrirlo y quién no, llega a mucha gente, tiene una larga vida y —a no ser que cuentes con una Biblia-licorera como la de Homer Simpson— solo permite esconder pequeñas hojas, postales o documentos.

En algún momento de nuestras vidas todos guardamos algo en un libro, ya sea una fotografía antigua o una carta.

Y claro, es también frecuente que eso luego se nos olvide y el libro acabe con los años en una librería de segunda mano o en las estanterías de un familiar casi desconocido.

En un hilo de Reddit han querido recopilar una serie de las mejores cosas que puedes encontrarte entre las páginas gastadas de un ejemplar de la Biblia, entre dos arcaicas recetas de cocina, o pegado a la contraportada del libro de cuentas de tus padres.

Y hay de todo: desde enternecedoras historias de amor entre abuelos a relatos más tristes, pasando por experiencias psicodélicas e imprevistas sumas de dinero.

¿Qué puedes hallar en un libro de segunda mano? Estas son algunas respuestas.

1. 500 dólares
«No soy religioso, pero un día en un hotel cogí una de esas Biblias que ponen en todas las habitaciones de hotel (especialmente en los anteriores a los años 90...).

Yo tendría 13 años y encontré 500 dólares dentro. Uno de los pasajes estaba subrayado, aunque no recuerdo el versículo. Mis padres me dejaron quedarme con la mitad del dinero y la otra mitad se la donamos a todos los indigentes que vimos por la calle en los siguientes dos o tres días... 20 dólares cada vez (Esto fue idea mía, ¡ellos querían gastárselo en cenar un entrecot! Hah)».

2. Diez tréboles de cuatro hojas
«Me encontré diez tréboles de cuatro hojas en un libro de Stephen King. Por cierto, era El cazador de sueños».

3. Una carta de amor de tu abuelo a tu abuela
«Cuando murió mi abuelo recibimos su colección de libros. Y en una guía de botánica escocesa encontré una nota manuscrita de mi abuelo a mi abuela en la que le deseaba un feliz cumpleaños, y le decía que disfrutara mucho su tiempo en Escocia y que la quería. Eso fue suficiente para hacer que yo tuviera los ojos húmedos, porque mis abuelos nunca demostraban públicamente que se querían».

Mi abuela sufrió un grave infarto cuando tenía 30 y pico años, y eso tuvo como consecuencia que tuviera la mente de alguien de 12 años durante el resto de su vida. Mi abuelo desde entonces fue su cuidador, por lo que leer una carta en la que decía que la quería de una manera tan romántica fue bonito».

4. Una hoja de marihuana
«Me encontré una hoja de marihuana prensada entre las páginas de un libro de arte de los años 70. Por desgracia, se deshizo en cuanto la saqué del libro para conservarla».

A lo que otro usuario de Reddit contestó: «¿Trataste de conservarla en tus pulmones? Eso destruye las hojas».

5. Notas secretas entre dos amantes
«Me compré un pack de varias revistas de cocina gourmet de los años 50. Había una inscripción en ellas que decía claramente que habían sido un regalo de bodas... aunque entre varias de las páginas encontré notas amorosas entre la novia y su amante».

6. El recibo de una carnicería... por valor de MUCHA carne
«Encontré un recibo de una carnicería de Manhattan que data de 1985. ¡La persona compró 450 dólares de carne!»

7. Postales tristes
«Tengo muchos libros. En ellos he hallado dinero, notas de amor o flores de 1910. Pero la mejor cosa que he encontrado nunca es una postal de una hija a su padre. Una fotografía de Ibiza y el texto "Te quiero, papá. Estoy pensando en ti. El padre escribió un pequeño mensaje en la postal: 'Por qué no puedo ser feliz'.  Nunca sentí una conexión mayor con nadie».

8. Los restos de una venganza
«Una amiga mía tenía un hermano que se reía mucho de ella por leer libros. Entonces ella decidió regalarle un libro todas las navidades... con un billete de 20 dólares dentro. Su hermano siempre se quejó de los regalos de su hermana y nunca mencionó el dinero. Ella cree que él tiró los libros o los regaló. Que te jodan, Steve».

9. Fotografías de estudiantes desnudos
«Cuando trabajaba en Libros a mitad de precio", encontré dinero, polaroids de gente desnuda, marihuana... Pero las fotos de desnudos estudiantiles eran especialmente típicas».




http://www.playgroundmag.net/cultura/books/libros-segunda-mano_0_1920407952.html

16 mar. 2017

Los odios en la comunidad escolar





El odio en las escuelas retornó a la noticia periodística. En Buenos Aires, una profesora fue amenazada en una carta, pintaron su escuela y recibió una bala. El autor NN del mensaje, aplazado por la docente, buscó que se lo apruebe a la fuerza; en Salta, la madre de una niña repitente agredió a golpes a las docentes de la escuela. Esto se llama bullying, el uso del hostigamiento y la discriminación, algunas de las formas de la violencia escolar.

En la gestión de la conflictividad escolar los educadores saben qué promover cuando los padres y alumnos no aceptan la convivencia institucional. Para ello se capacitan, organizan equipos interdisciplinarios que deben prevenir los conflictos, preparan protocolos y tratamientos específicos y, en fin, se ilusionan con ser los mediadores entre el agresor y la víctima en un contexto de consensos.

La escuela genera amores y odios violentos y con la declinación que sufrió el principio de la autoridad, hoy es objeto de un ?odioenamoramiento?: la víctima dice que ama su trabajo en el establecimiento, pero no alcanza y el victimario repudia al acosado por alguna reivindicación personal ante el grupo.

La institución educativa que transmite los saberes iniciáticos, aloja una diversidad de subjetividades que resume a buena parte de la sociedad. En la escuela, por ende, están los que pueden desatar el odio hacia el prójimo y gozar con el acto agresivo. Prevenir este desencadenamiento en tiempo justo y metabolizarlo en el preciso momento, es el desafío de lo contingente frente a las pasiones del acosador.

La amigabilidad que logre la comunidad educativa en su propio ámbito, interpretando contradicciones y contagiando el deseo de que lo que el otro tiene o hace y debe ser tolerado, dependerá de que los integrantes de la institución sean responsables para cumplir las normas y valores específicos.

¿Hasta qué punto todas las violencias en el sistema educativo no se manifiestan por el estallido de los lazos escolares? Después de un bullying se conoce perfectamente qué lazos personales fueron quebrados, quiénes no pudieron controlar su goce por la violencia y llevaron el odio al extremo del ataque y a veces por diversión.

Resultado de imagen para violencia a los docentesLa madre salteña, judicializada, golpeó a la docente porque no cree en su autoridad ni saber para estar en la pedagogía, la tomó de objeto donde proyectar la violencia; por su parte, el alumno de Buenos Aires, con la bala mensajeó a su profesora y le contó cómo es el goce que siente por la muerte de ella si lo desaprobaba. Al manipular posiciones en el texto de la carta, pasó de verdadero agresor a víctima de la profesora.

Resultado de imagen para violencia a los docentes 
Desde ese lugar de amo total cometió varias violencias para imponerse como el alumno en estado de superioridad dentro del sistema: vigiló a la profesora, buscó disciplinarla con la carta y angustiarla con la bala. No quería aprender física con ella, sino anular su ser.

El psicoanalista Jacques Lacan definió que ?la violencia es ciertamente lo esencial en la agresión (...). No es la palabra, incluso es exactamente lo contrario. Lo que puede producirse en una relación interhumana es, o la violencia o la palabra?.

El bullying delata un sufrimiento subjetivo en los que no hablan sus diferencias y, sin sentido, solo actúan para hacer estrago.



Fuente bibliográfica
CEBALLOS, RODOLFO, E., 2017-2-2]. Los odios en la comunidad escolar. El Tribuno [en línea]. [Consulta: 17 marzo 2017]. Disponible en: http://www.eltribuno.info/salta/nota/2017-2-27-0-0-0-los-odios-en-la-comunidad-escolar. 

El estrés docente: un hecho al que casi nadie parece importar


Desgraciadamente, cada vez más docentes sienten en su trabajo ese malestar personal, esa sensación de no servir para nada, de que su esfuerzo no es reconocido como debería serlo, y que en muchas ocasiones se le exige hacer cosas que no son ni mucho menos de su competencia.

Me parece a mí, que todavía se cree en el rol de los maestros de las civilizaciones clásicas: ese rol que definía al docente como un “semidios”, que todo lo sabía, que sabía darle explicaciones a casi todas las cosas, y uno de los seres más sabios e inteligentes del lugar.

Así pues, se defendía que los profesores podían con todo y que en ningún momento podrían necesitar ayuda de vez en cuando. Esa creencia era absurda hace décadas y lo sigue siendo ahora. Los docentes son personas de carne hueso (oh, qué gran sorpresa), que sienten y padecen. Y que en más casos de los que les gustarían, sufren un malestar que posiblemente no sepan explicar. Ese malestar, no provoca únicamente estrés (que ya es suficiente), sino que puede desembocar en fatigas, excesivo cansancio, dolores musculares, dolor de huesos, de cabeza, problemas al conciliar el sueño, en la alimentación, en sus relaciones personales e incluso en una depresión laboral.

¿Quién se encarga del bienestar docente?
Estas situaciones, como os podéis imaginar no han suscitado demasiada importancia en los medios. Ni siquiera en los centros educativos. Son muy pocos colegios o institutos los que hacen algo para evitar lo anteriormente citado. La mayoría de programas, de actividades, de reuniones son en referencia a los alumnos, y eso está bien. ¿Pero quién “cuida” a los docentes? ¿Quién se encarga de su bienestar en el trabajo? Sí, la respuesta más sencilla es que ellos mismos. Pero es que ellos mismos, en muchas ocasiones se sienten tan agotados y menospreciados que no tienen ni ánimos para motivarse por sí solos.
Muchos, por ejemplo, no han desarrollado habilidades para enfrentarse a estos conflictos, o no están preparados para una situación concreta. Algunos, se implican demasiado con los alumnos y les termina afectando también a ellos.

Desgraciadamente, más personas de las que me gustaría, se estarán preguntando: “estrés docente, ¿es eso posible?. Parece ser que algún sector de la sociedad, todavía no se ha dado cuenta que el personal educativo es uno de los peores reconocidos y tratadas desde hace algunos años. ¿Qué puede provocar entonces ese malestar en los docentes? A mí se me ocurren un montón de cosas a exponer.


Muchos alumnos para un único profesor:
Pues sí, en muchas ocasiones, hay aulas compuestas por 30 alumnos para un único docente. ¿Es eso normal? No, por supuesto que no. Habitualmente, el maestro o profesor se encuentra sólo en clase. Tiene que enfrentarse a estudiantes diferentes, con distintas habilidades y capacidades, con ritmos de aprendizaje muy dispares, y con un sin fin de intereses. Cada día, tiene que adaptar sus clases, tiene que centrarse en todos los alumnos y dejar a un lado esa atención personalizada e individualizada que muchos centros dicen tener y muchos padres quieren que se de. ¿Pero cómo se va a llevar a cabo ese deseo? Para llegar a esa cumbre, haría falta por lo menos tener a tres docentes por aula todos y cada uno de los días. ¿Estarían dispuestas las autoridades a eso? No, me temo que no.

Lo que se aprende en la universidad, está lejos de ser práctico:
Es cierto, los que estudian magisterio no aprenden a tratar las dificultades de aprendizaje, por ejemplo. Y tampoco las necesidades específicas de los alumnos. En muchos casos, los docentes se encuentran con estudiantes de altas capacidades y no saben qué hacer. No por falta de capacidad ni de habilidades, sino simplemente porque no les han enseñado. Pueden tener apuntes, pueden saberse la teoría de memoria. ¿Pero qué pasa en la práctica? Y se sienten perdidos.

Seamos sinceros; no todos los alumnos tienen ganas de aprender:
Pues sí, es de sobra conocido, que muchos alumnos presentan falta de interés y poca motivación. Que se sienten desanimados y que no tienen ganas de aprender cosas nuevas. El docente, se esforzará en crear un innovador y atractivo proceso de enseñanza-aprendizaje, para llamar la atención de los estudiantes, pero hay veces que las expectativas no se cumplen y no se ha generado el clima ni la actitud que ellos esperaban.

Sí, hay familias que insultan a los docentes. Y no sólo en una ocasión:
Desgraciadamente, hay familias que culpan a los maestros de todo lo que le pase a sus hijos. Se crea un escenario de críticas, de malas palabras, de acusaciones y de ofensas hacia el profesor. Hay padres, que están lejos de ser personas civilidades y con buena comunicación. Y algunos de ellos, pueden llegar a insultos e incluso a acosar al profesor.

Los futbolistas son más importantes que los docentes:
Ya se puede dar el caso de que un profesor haya hecho algún logro importante, que seguramente no será reconocido por las demás personas ni por los medios de educación. Hay muchos docentes que cada día se esfuerzan y dan lo mejor de sí mismos para los alumnos. Pero claro, da más audiencia que Cristiano Ronaldo haya dejado a su novia.

mini1-1384495593_0

¿Los docentes pueden hacer algo para no sufrir de estrés?
¿Hay algo que se puede hacer al respecto? Evidentemente, sí. Los expertos dicen, que practicar deporte en cualquier situación de estrés es beneficioso, ya que reduce el riesgo de ansiedad. Evidentemente, los docentes necesitan tiempo para ellos mismos, y en muchas ocasiones, ese tiempo de ocio o de estar con sus familias y amigos, lo dedican a corregir exámenes, trabajos, actividades o a preparar las clases, y eso les genera más sensación de malestar.

No se debería dar casos en que los maestros dejaran de hacer cosas que les gustan por exceso de trabajo (ojo, ni los maestros ni ningún trabajador).   También, es muy importante que el docente fomente su autoestima y que potencie las actitudes positivas que tenga a lo largo del día. Que sea consciente de los obstáculos que ha superado y de que su esfuerzo ha merecido la pena. Y que por supuesto, en situaciones límites que no sepa cómo actuar (porque… ¡oh, madre mía!, el docente no lo sabe todo), pida ayuda a los pedagogos, directores y demás personal educativo del centro.

Dar más importancia a la formación del profesorado
Como es obvio, desde el propio centro también se pueden plantear diversas actividades para reducir el estrés docente en las aulas, como por ejemplo diferentes cursos de formación, reuniones mensuales para que los maestros hablen de sus experiencias, de sus dudas, de sus inquietudes, fomentar la comunicación y la relación entre el personal educativo creando grupos de trabajo y de colaboración entre ellos, apoyándose en las situaciones y casos en las que sean posible. Quizás, empezando por eso, los docentes se sentirían valorados por el lugar del trabajo, y estarían más motivados en las clases. Pero, ya sabemos que en gran parte de los colegios, institutos y universidades, realizar esos programas, les parece una pérdida de tiempo, y en muchas ocasiones, los propios docentes se ven obligados a buscar ayuda externa para no verse superados.

En cuanto a la sociedad
Aunque a la gente le cueste creerlo, la docencia es una de profesionales que más estrés produce. Muchos psicólogos dicen que el número de maestros que pasan por sus consultas está ascendiendo a un ritmo vertiginoso.

Algunos de ellos, afirman haber pasado por depresiones provocadas por el exceso de trabajo y el poco reconocimiento y estima que se les tiene. Lo que es cierto, es que como la mayor parte de la sociedad sigue sin darse cuenta de lo que realmente llegan a hacer los profesores, como no son conscientes de su implicación con los alumnos, me temo que este problema tardará en solucionarse y que estará presente durante varios años más.

Además, como viene siendo habitual, estas situaciones pasarán desapercibidas por la mayor parte de las personas. Pero, ¿no son los docentes superhéroes camuflados? Pues no, señores míos, está claro que no lo son.



Este contenido ha sido publicado originalmente por Nunca Jamas y Yo en la siguiente dirección: nuncajamasyyo.com | Autor: Mel Elices

Fuente bibliográfica
EL ESTRÉS DOCENTE: UN HECHO AL QUE CASI NADIE PARECE IMPORTAR. WEB DEL MAESTRO CMF [en línea], 2016. [Consulta: 16 marzo 2017]. Disponible en: http://webdelmaestrocmf.com/portal/el-estres-docente-un-hecho-al-que-casi-nadie-parece-importar/. 
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...